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Un
posible tema: La reelaboración que hace Winnicott de la
transferencia freudiana a partir del estudio y la observación de un
determinado momento en la vida del ser humano, un momento preedípico,
específicamente un momento (tres o cuatro meses) donde se juegan la
presencia y la ausencia de la madre.
Posibles
preguntas o problemas de entrada: ¿Cómo conceptualizar (a qué
responde y qué implicaciones tiene) la diferencia entre la posición
freudiana y la posición que plantea Winnicott acerca del tema de la
transferencia?.
¿Se
podría hablar de una diferencia epistemológica? ¿habría una
diferencia en relación a la concepción ontológica? ¿qué
implicaciones tendría esa diferencia?. En caso de haber una
diferencia a nivel de la concepción ontológica, ¿sería por tanto,
una forma de concebir al ser humano, precisamente en términos de la
vivencia de (en) ese momento de la separación y por lo tanto, qué
implicaciones eso tendría a nivel de la transferencia?.
Se podría
hablar de contrastes entre Freud y Winnicott, pero la lectura de su
obra lleva a pensar, que más que una diferencia entre ambas, es
evidente no un contraste sino en una implicación, una
profundización, es decir, una utilización y aplicación de los mismos
conceptos de Freud (¿la obra de Freud como objeto de uso?). Ya no
en relación a la neurosis, sino a un momento interior, el momento de
fusión del niño con la madre y a lo que se juega en las ausencias de
la madre y en ese momento en que el niño queda solo, separado de
ella y las implicaciones sobre la psique del bebé, conforme el paso
del tiempo (momento de pasaje, de transición). Posteriormente el
papel que juegan ahí (en el mejor de los casos) los objetos y el
espacio transicional como medios para lograr sostenerse
emocionalmente ente esa separación.
Hablamos
ahora de transición. Lo mismo podemos aplicar a la obra de
Winnicott a partir de la de Freud: en nuestro tema no hablamos ya
de contrastes sino más bien de transición, la transición de Freud a
Winnicott. Quizá no podríamos hablar de una diferencia a nivel de
la teoría entre ambos autores, pero si de cómo se juega la
transferencia en estos diferentes momentos, cómo se resuelve
(resolver?), como se transita (retomando las palabras de Winnicott)
en la transferencia cuando se refiere a estos momentos de la
historia del sujeto. Por tanto, quizá podríamos hallas un tránsito,
un pasaje, un cambio de posición del analista en cuanto a estas dos
diferentes situaciones o momentos de la historia del sujeto.
Resulta
también importante la exploración de una técnica fundamentada en la
interpretación del lado del trabajo de Freud a nivel de la neurosis,
diferente a ser un "objeto de uso" del lado de lo que se jugaría en
el análisis que Winnicott hace de pacientes en estos momentos
preedípicos, no neuróticos, en los momentos psicóticos, y también en
la psicosis, en lo simbólico y lo esquizoide. En Freud entonces hay
una posible relación entre interpretación y un momento en el cual la
palabra juega un papel importante. En Winnicott estaríamos hablando
más de un momento donde lo que se juega es el cuerpo, un momento de
no palabras y por tanto, previo a la interpretación, la posición del
analista como objeto y de qué manera todo esto implicaría una
diferencia en el concepto de objeto y del papel del (o posición) del
analista (ruptura epistemológica).
Raquel
Goldstein, en su artículo "El objeto transicional de Winnicott:
¿una nueva categoría objetal en la teoría y en la clínica?" (Baranger
y colaboradores, 1980) ha permitido dar forma a las interrogantes
apuntadas:
Nos dice
que en esa primera etapa de la vida y en la ausencia de la madre, el
niño articula una presencia ilusoria, lo que con el tiempo
posibilitará la creación de los objetos transicionales. Con esa
habilidad logra la posesión estable de la madre. Si el tiempo pasa,
la espera deja de ser tranquila, hasta que el niño llega a estar
inconsolable, luego surge el desgano y en casos extremos puede
faltar la capacidad para restablecer el vínculo.
Así, la
existencia del ser depende de las condiciones que propicia la
transicionalidad y estas, de los tiempos de presencia-ausencia de la
madre. A partir de los espacios yo-no yo, surgen el área de la
subjetividad, el área intermedia (mediador, zona vacía o hueco) y el
área del otro: "El fenómeno que nos ocupa surge allí donde se
produce la experiencia de ausencia" (Baranger, p. 168). Goldstein
considera que las fallas en estos procesos de transicionalidad, son
un objetivo terapéutico capital.
En
condiciones favorables, gracias al objeto transicional, el niño en
calma, aprende a estar solo. Luego de estos procesos inicia el
complejo de Edipo temprano: "Actualmente es impensable su enfoque
adecuado sin la consideración de los aportes posteriores a Freud, de
Melanie Klein, Winnicott y la escuela francesa" (Ibid, p. 169).
El niño
depende para acceder al tercero del binomio inicial madre-hijo.
Surge la dualidad, vivida como vacío, hendidura, separación o
discontinuidad temporal, falta de sostén y gratificación,
esto es llamado gap por Winnicott.
Frente a
la separación, la creación ilusoria, luego la realidad de la
existencia del otro. La necesidad de sobrevivir hacen que surja el
pensamiento y la palabra como soportes del juego y de la
simbolización: "El niño inventa un objeto útil para él, para
representarse lo que le falta" (Ibid p. 171).
El objeto
transicional recrea la presencia materna, pero ahora desde el
control del niño. Así la opción es clara: "para una salud
evolutiva temprana no sirven ni la simbiosis ni el abandono; hay que
favorecer emocional y físicamente la emergencia de las transiciones"
(Ibid p. 172).
Esto
obviamente tiene implicaciones fundamentales para el analista: "no
se cura 'en ausencia', lo que modifica es la actualización y su
interpretación en la transferencia". A continuación la autora habla
de la adecuada desilusión y de instalar la ley de la interdicción
del incesto. Desilusión que procede al clima de ilusión, emoción y
magia del encuadre de tratamiento.
Es por
eso que Winnicott habla de "Sostén e interpretación". La
posibilidad de interpretación de la transferencia al nivel de las
perturbaciones que rodearon la ruptura del binomio de la unión
feliz, solo es posible si el analista, además, está en condiciones
de ser sostén. Sostén y acompañamiento en los instantes de pánico,
terror y despedazamiento somático.
Baranger
aclara que no es un maternaje, sino a una posición "como si" (como
objeto de la realidad revestido de ilusión), como si fuera el osito
de peluche. Luego viene la desilusión, pues no se puede aprender a
separarse sin la ilusión de nuevos reencuentros gratificantes: "El
analista esta allí, sereno y disponible..., frustrante para la
demanda imposible de amor endogámico, decidido a sostener la
realidad, a la par que sobreviviente y afectuoso" (Ibid p. 176). Lo
innombrable traumático deviene en fenómeno transicional, al tiempo
que el analista se va desligando de su función de talismán, de mago,
de objeto acompañante, de objeto de uso para la transición.
La
función de objeto transicional del analista y los fenómenos
transicionales son la base del vínculo transferencial. Su valor
está en su función y en el uso que el paciente hace de él. Dice la
autora que los aspectos más tempranos se actualizan en etapas
avanzadas de la relación analítica. En estos tramos aparecen
relaciones transferenciales y contratransferenciales que no se
asemejan a las transferencias edípicas. Así, el conocimiento de
estos fenómenos y objetos transicionales es trascendente para el
manejo clínico.
La autora
termina concluyendo que "el objeto transicional se manifiesta como
una categoría objetal especial" p. 192. Su existencia como objeto
es legítima y definida y la utilidad clínica incuestionable, con la
"solidez y vigencia propias de una categoría nueva y valedera". Más
adelante le confiere la "jerarquía de una categoría objetal nueva,
una nueva concepción del objeto dentro de la teoría y la práctica
analítica" p. 195. Enriquece y modifica la perspectiva anterior
sobre el funcionamiento temprano, por lo que adquiere un lugar en el
pensamiento teórico y en la clínica. Destaca también que ello
otorga a la figura del analista un sentido particular y a la
transferencia nuevas dimensiones: el encuentro analítico no solo
implica la voz y la palabra del analista, sino la disposición física
que posibilite la recreación de vivencias iniciales.
Varios
autores coinciden al decir que la forma de escritura de Winnicott
era simple, sencilla y fácil de comprender. El mismo Winnicott
reconoce su gusto por una escritura sencilla, pero esos mismos
autores señalan que junto a ese estilo (incluso hablan de un menor
rigor teórico, comparado con el de M. Klein) reconocen a un
Winnicotttt diciendo más de lo que en una lectura superficial dejaba
entrever. Con el tema sostén y interpretación encontramos releyendo
un replanteamiento del papel del analista en la transferencia.
Esther
Romano en su artículo "Objeto Transicional: su estatus teórico"
dice que aunque Winnicott no lo manifestó explícitamente, "podría
concluirse que sus concepciones implican una nueva metapsicología" (Baranger,
p. 128). Y agrega otros detalles importantes: el papel de su
formación como pediatra, los datos de sus observaciones directas,
las implicaciones clínicas de la nueva ubicación que da a los
dinamismos psíquicos normales y patológicos, sus nuevas técnicas de
abordaje terapéutico y el papel de la capacidad imaginativa del
analista.
Otro
asunto de interés a trabajar es el concepto de objeto en Freud. En
el artículo "Los conceptos de objeto en la obra de Freud" de César
Merea, nos habla de los diferentes registros del concepto: a) el
objeto con relación a la pulsión b) el objeto con relación al
narcisismo c) el objeto con relación a la identificación d) el
objeto en su relación con la instancia.
En las
distintas tópicas encuentra: a) en la primera quedan emparentados
los conceptos de objeto y de representación b) en la segunda se
destaca el papel de la identificación psíquica y el objeto toma
importancia como estructurante de la instancia.
Luego
establece la siguiente clasificación:
1.
Objeto de la percepción. Se
trata del objeto externo real, incluye también a los objetos
imaginarios u objetos de la fantasía.
2.
Objeto de la pulsión. Aquí
distingue el objeto de las pulsiones del yo, el objeto de la libido
y el controvertido tema de las relaciones de objeto.
3.
Objeto de la
identificación. Fundamental en la constitución del sujeto.
4.
Objeto interno o estructura
endopsíquica. Definido por su función estructurante.
A partir
de estas clasificaciones podemos suponer que el trabajo de Winnicott
constituye una exploración de este primer objeto, el de la
percepción,. Una línea que pretenderá seguir este trabajo en el
futuro, es en la clarificación de este aspecto: posiblemente no hay
en Winnicott un objeto nuevo, sino que (al estilo del mismo Freud)
lo que hay es el reconocimiento, reelaboración y profundización de
lo ya descubierto: el papel de la madre real y las implicaciones de
los objetos imaginarios (la ilusión y los objetos transicionales),
las profundas implicaciones para el sujeto, y por tanto, el
replanteamiento de la técnica, del manejo de la transferencia y de
la posición del analista.
Transición de un Freud que basó su técnica en la interpretación del
conflicto neurótico*, pero que dejó los fundamentos que
posibilitaron la profundización del trabajo con niños, el papel de
la madre real, del papel de lo preedípico, de la posibilidad de
trabajo con los núcleos psicóticos, la psicosis y demás. Es decir,
de la transición de la interpretación al sostén e interpretación, en
palabras de Winnicott: "El psicoanálisis no consiste tan solo en
interpretar el inconsciente reprimido; consiste más bien en
proporcionar un marco profesional a la confianza, en el cual esa
interpretación pueda llevarse a cabo" (El hogar, nuestro punto de
partida, p. 133).
*El marco
teórico incluye en apartado denominado "La transferencia según Freud".
El mismo pretende dar una imagen general de la técnica
psicoanalítica. Fue elaborado previo a realizar una lectura amplia
de la obra de Winnicott y mucho antes de plantear el tema y las
preguntas rectoras de esta investigación, por lo que se considera
una evidencia válida de los énfasis puestos por Freud en su técnica,
que permiten contrastarlo con los planteamientos de Winnicott sobre
esos mismos aspectos.
M.Psc. Lic. Roberto Pablo Cardozo
Costa Rica.
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