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INTRODUCCIÓN
La idea de riesgo aparece frecuentemente en referencias
bibliográficas generales sobre salud y también en la nomenclatura
usada por las técnicas de medición relacionadas con la
investigación, clínica y epidemiológica.
La palabra riesgo hace mención al significado relativo de una
probabilidad de que un evento ocurrirá. Dicho concepto fue crucial
para el desarrollo de una epidemiología de las enfermedades no
infeccionas. Siendo el riesgo el correspondiente epidemiológico del
concepto matemático de probabilidad, se lo define como la
probabilidad de que uno de los miembros de una población desarrolle
una enfermedad dada en un período.
La definición de factor de riesgo alude a cualquier
característica o circunstancia detectable de una persona o grupo de
personas que se sabe asociada con un aumento en la probabilidad de
padecer, desarrollar o estar expuesta a un proceso mórbido.
Los factores de riesgo pueden ser causas o indicadores, pero su
importancia es que son observables o identificables antes de la
ocurrencia del hecho que predicen.
Toda investigación para evaluación de riesgo tiene que
establecer la secuencia temporal de la asociación, o sea, un factor
de riesgo debe preceder a la eclosión de la enfermedad. La
identificación de grupos de riesgo es esencial para la prevención
primaria, pudiéndose modificar su efecto.
En este trabajo se estudiará especialmente el análisis
de las personas afectadas por el VIH en el marco desarrollado por la
sociología de la enfermedad.
DESARROLLO:
El SIDA (síndrome de inmunodeficiencia adquirida)
El SIDA es una enfermedad que se cree es causada por un virus
llamado el VIH. Este virus ataca al sistema inmunológico, la "fuerza
de seguridad" del cuerpo que combate las infecciones. Cuando el
sistema inmunológico se descompone, se pierde esta protección y
puede desarrollar varias infecciones y cánceres serios y a menudo
letales. Estas infecciones se denominan infecciones oportunistas ya
que se aprovechan de las defensas debilitadas del cuerpo.
El
VIH (virus de inmunodeficiencia humana) es un virus frágil que no
puede sobrevivir fuera del cuerpo. Una vez que el virus se asienta
en el cuerpo, puede "esconderse" durante meses o años. Durante este
tiempo el virus puede causar graves daños al sistema inmunológico.
Esta es la razón por la cual las personas que parecen estar
perfectamente sanas pueden, sin saberlo, transmitirles el virus a
otras personas. Los científicos todavía no saben qué porcentaje de
las personas infectadas por el virus contraerán la enfermedad que
nosotros conocemos como el SIDA. Tampoco saben cuánto tiempo tardan
en aparecer las primeras señales de la enfermedad después de
producirse la infección. No obstante, parece estar claro que con un
tratamiento médico adecuado, menos personas desarrollarán el SIDA.
Hoy en día se cree que muchas personas infectadas con el VIH pueden
vivir con "la enfermedad del VIH" durante varios años.
El
VIH puede ser transmitido a través de ciertas secreciones
corporales: la sangre, el semen, las secreciones vaginales y la
leche materna. Se introduce en el cuerpo a través de las membranas
mucosas o a través del contacto directo con el torrente sanguíneo.
Esta es la razón por la cual no existe ningún peligro en el contacto
casual con personas con el VIH.
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Construcción
social de la enfermedad, cultura y VIH
En 1959 se detectaron anticuerpos contra el VIH en
una muestra de sangre en África Central. La enfermedad se difundió
principalmente a través de los contactos heterosexuales. A mediados
de los ’70 se identificaron los primeros casos reconocidos en África
Central. La enfermedad se difundió a través del rápido crecimiento
de la población, a la migración rural urbana y la desintegración de
las tradiciones culturales. Estos cambios sociales estimularon la
promiscuidad sexual. Los primeros casos en EEUU ocurrieron en 1981.
A partir de la década del ’90 ha habido un aumento entre las
mujeres del riesgo de contraer VIH-SIDA, convirtiéndose en la
quinta causa de muerte de mujeres en edad reproductiva. De esta
manera nuevos sectores de la población que estaban bajo riesgo de
contraer la infección comienzan a incrementarse. El concepto de
grupo de riesgo que se hizo público en la primera década de la
epidemia de SIDA ha contribuido al progreso de percibir que el
riesgo no solo está en los grupos marginales de la población.
Los epidemiólogos estudiaban la conducta social impregnada en
valores y creencias compartidas. Parte de la discusión sobre las
creencias culturales y prácticas que afectan la transmisión del
virus ha sido alrededor de las “poblaciones de riesgo”. The United
States Center for Disease Control encontró que la jerarquía de
categorías de transmisión del virus serían:
1) personas homosexuales y bisexuales masculinos,
2) usuarios de drogas intravenosas,
3) femenino y masculinos heterosexual
4) coagulación
5) contacto heterosexual con una persona con o bajo un riesgo de
contraer la infección.
El resultado final de la clasificación utilizada por The United States Center for Disease fue que, cualquiera que fuera
gay o que utilizara drogas intravenosas pasaba a ser identificado
como miembro de un grupo de riesgo. A medida que la respuesta social
tomó forma el uso de estas designaciones del CDC de subgrupos de
riesgo de contraer SIDA y la jerarquía de exposición que la
acompañaba, se determinó que no es la orientación sexual ni el uso
de drogas, sino el intercambio de semen y sangre lo que transmite el
virus. La atención se había desviado de la distinción vital de que
los individuos estaban bajo riesgo de contraer la infección no sólo
pro lo que hicieron sino también porque a persona con que lo
hicieron estaba ya infectada.
Con frecuencia a las personas que presentan alguna
manifestación vinculada con el SIDA se los refiere como “leprosos”.
El término aparece con sentido peyorativo. Ambas enfermedades caen
en la comparación debido a términos de daño (caracteres fisiológicos
de la entidad enfermedad), la discapacidad funcional (las
limitaciones funcionales) y la discapacidad ( la discapacidad
social, se manifiesta en la interacción social individual e
institucional), las consecuencias de estas categorizaciones.
En la lepra, el comienzo es insidioso, el período de
incubación puede extenderse hasta 10 años. No es una enfermedad
letal. Si no es tratada produce una incapacidad progresiva,
produciendo limitaciones en la actividad y cambios en los roles
sociales. La percepción por parte de la sociedad de una presencia
peligrosa, trae medidas de exclusión a quien la padece. Algunas de
estas medidas de exclusión han sobrevivido desde sus orígenes como
ser el exilio de la comunidad de pertenencia, la expulsión de la
familia y los amigos y de instituciones sociales como el empleo, la
educación, la recreación, los cultos religiosos, la vivienda, el
transporte publico, el matrimonio y la crianza de los niños.
El SIDA es una enfermedad crónica y letal. La
destrucción del sistema inmunológico es la base para el desarrollo
de un sin fin de enfermedades. Generalmente se refiere un período de
incubación prolongado, de alrededor de 10 años. El impacto del virus
sobre el sistema inmunológico es tan extensivo que pueden
producirse múltiples daños. Padecer la enfermedad trae consigo las
mismas medidas de exclusión que trae la lepra en el plano social,
aunque los gobiernos establezcan medidas de protección contra la
discriminación.
La contrastación de SIDA y lepra destaca diversos
aspectos de una situación que es percibida como de carácter
epidémico. El SIDA es una enfermedad letal mientras que la lepra es
una condición crónica. El hecho de ser contagiosa y su riesgo
relativo resulta importante en lo que se refiere a las reacciones
sociales. La percepción del riesgo contribuye a la construcción
social de la enfermedad.
Desde la dimensión de su construcción social, los procesos de
salud-enfermedad-atención constituyen una trama compleja de
representaciones y prácticas en la que se articulan procesos
económico-sociales, políticos e ideológicos.
Específicamente por construcción social de aquellos procesos,
entendemos el condicionamiento recíproco entre las representaciones
y las prácticas, desarrolladas tanto por los especialistas del campo
como por los conjuntos sociales.
Con la categoría representación social se alude a la
articulación entre los modos de percibir, categorizar y significar.
Las
representaciones médicas, refieren a las concepciones que esos
profesionales expresan respecto del VIH-SIDA e incluyen el conjunto
de categorizaciones-prescripciones que dan sentido a sus diferentes
prácticas (incluyen formas, técnicas y teóricas específicas,
formaciones interpretativo-valorativas, que son previas y colectivas
que no son exclusivamente médicas pues proceden del contexto
sociocultural más amplio y se inscriben en la esfera de la
normatividad social.
La construcción médica del VIH reestructura
simbólicamente la vida sexual, identifica y reduce la sexualidad al
encuentro, a la reproducción biológica y a la patología. La
sexualidad es asociada al peligro, al deterioro y a la muerte. Esta
construcción actualiza y refuerza formaciones históricas de
estigmatización y discriminación.
Las representaciones médicas de la sexualidad muestran la
permanencia de una concepción de lo social como un factor más, en
un marco sostenido en prácticas asociada con la desviación o la transgresión, de la que es evidente expresión categorizaciones como
promiscuidad, drogadicción, homosexualidad, bisexualidad,
prostitución, etc.
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Marcos de análisis para el SIDA
La aparición de una enfermedad infecciosa y
transmisible, sin tratamiento médico y mortal en un plazo
relativamente breve, que cuestiona comportamientos, prácticas y las
formas de vida, interroga los marcos de análisis existentes
desarrollados por la sociología de la enfermedad crónica.
Por su carácter transmisible y las representaciones de
que ha sido objeto, el sida es una enfermedad que pone en cuestión
las relaciones del individuo con su entorno. A diferencia de las
enfermedades crónicas ya estudiadas, el SIDA toca a individuos que
pertenecen a grupos particulares, o que están en redes a veces
marginadas, de las que comparten más o menos la historia. La
diversificación de las poblaciones alcanzadas por el VIH, al igual
que la de los contextos socioeconómicos, conduce a desarrollar el
análisis sobre las desigualdades sociales frente a la enfermedad y
la atención.
Con la aparición de nuevas terapias en marzo de 1996,
las personas viven más tiempo y en mejores condiciones físicas,
convirtiéndose en una enfermedad de largo plazo. El estudio de la
observancia en el marco de ensayos terapéuticos puso en evidencia
los límites de enfoques psicosociales. Se ha desarrollado una
reflexión a partir de la teoría de las representaciones sociales y
la consideración de los contextos de prescripción. La realización de
estos trabajos y el estudio de la continuidad del tratamiento y su
consecuencia sobre la vida cotidiana de las personas afectadas
permitirá avanzar en la comprensión de lo que supone vivir con un
tratamiento pesado y de largo plazo en el caso de una enfermedad
transmisible.
La mayoría de los trabajos en ciencia sociales sobre VIH-SIDA se
han ocupado de la prevención y los cambios de comportamiento,
algunos se ha interesado en las personas afectadas y los enfermos,
estos se han desarrollado sobre todo en psicología clínica y
psicología social. Han estudiado las características individuales,
los rasgos de personalidad y los comportamientos de personas
afectadas para enfrentar el VIH, pero los trabajos que estudian las
relaciones entre historia individual, movilización colectiva e
intervenciones sociales y políticas para responder a la pregunta a
cómo se vive con el VIH-SIDA siguen siendo limitados.
El análisis de los procesos puestos en práctica por las personas
afectadas por el VLH para luchar y reorganizar su vida, está apoyado
en términos de recursos. Esos recursos presentan una relativa
diversidad ya sea que se trate de recursos físicos, psicológicos,
afectivos y relacionales que corresponden a las pertenencias y a las
redes, o de recursos cognitivos e informativos. Así también el
compromiso profesional, espiritual y asociativo podía constituir un
recurso para las personas con VIH-SIDA. Carricaburu y Pierret (1995)
han propuesto diferenciar por una parte dos modalidades de
movilización: apoyarse sobre recursos existentes o desarrollar
nuevos, y por otra parte dos objetivos: acondicionar la vida
cotidiana o reforzar las capacidades para afrontar la incertidumbre
en relación al porvenir.
El VIH-SIDA confronta con la incertidumbre a las personas afectadas
y permite interrogarse sobre el sentido del tiempo. Ciertos hombres
homosexuales seropositivos y no enfermos pueden apoyarse sobre la
seropositividad para hacer de ella un recurso temporal. Esta
categoría puede ser analizada como el paso de una categoría
biológica, tener una serología positiva al VIH, a una categoría
social, la seropositividad. También se desarrollaron temas
relacionados con compensaciones en la manera de comprender y vivir
el tiempo en una situación de muerte potencial.
La confrontación con la inminencia de la muerte en el caso de una
enfermedad trasmisible y más específicamente el hecho que las
personas VIH-SIDA pertenecen a redes afectivas o están insertas en
grupos masivamente golpeados por las muertes condujo a desarrollar
análisis sobre el “AIDS” Survivor Síndrome.
Hoy día docenas de hombres, mujeres y niños en la Ciudad de Nueva
York contraerán el SIDA. Día a día el número de enfermos y muertos
sigue aumentando: decenas de miles de neoyorquinos afligidos,
decenas de miles perdidos, y estas cifras alarmantes continúan
creciendo. El aumento del SIDA es una catástrofe de Nueva York. El
SIDA ha afectado a más residentes en esa ciudad que en las ciudades
de Los Angeles, San Francisco, Dallas y Washington, D.C. combinadas.
Durante la próxima generación, el SIDA le costará a Nueva York $250
mil millones. Nadie se atreve a computar el costo humano - las
vidas, hogares, lugares de trabajo y vecindarios destrozados; las
carreras brillantes arruinadas; el potencial nunca alcanzado. Si,
todos nosotros vivimos con el SIDA. Sin embargo, la batalla mano a
mano con un adversario implacable es una experiencia que sólo
aquellos que luchan contra el virus pueden conocer. Ese
sentimiento condujo a seis hombres a fundar la Crisis de la Salud de
los Hombres Gay (GMHC), hoy líder en la guerra contra el SIDA. De
comienzos modestos en 1981, la agencia se convirtió en la
organización del SIDA más dinámica del mundo. Movilizando una fuerza
de miles de voluntarios, la GMHC montó un asalto bastante fuerte
contra el SIDA. Lo que la GMHC originó - el primer cuerpo de
voluntarios del SIDA, el programa de "compañeros" ("buddy program,
en inglés"), el consultorio telefónico - se ha convertido en un
modelo replicado mundialmente. Mediante la asistencia técnica, la
GMHC difunde sus conocimientos mucho más allá de sus propias
paredes. En el epicentro de una epidemia letal, la Crisis de la
Salud de los Hombres Gay juega el papel de faro. La misión de la
agencia es proporcionar atención y cuidados compasivos a los
neoyorquinos con SIDA; educar con el fin de mantener a las personas
sanas y abogar por políticas públicas justas y eficaces.
Consuelo y apoyo - El prestar apoyo con atención alivia el ataque
feroz del SIDA. Los compañeros, o "buddies" - a corto o largo plazo
- consuelan y escuchan, hacen diligencias y ayudan a solventar las
crisis. Los administradores de casos enfocan sus esfuerzos en
cuestiones relacionadas con abuso de drogas, salud mental y otras
dificultades. Los terapeutas voluntarios conducen una variedad de
grupos, y es posible organizar terapias privadas.
Consejo legal experto - Los abogados del personal de la GMHC y 500
abogados "pro bono" son aliados importantes para las personas con
SIDA, a menudo venciendo las amenazas de desalojamiento, problemas
de inmigración, acoso de acreedores, terminación de seguros y
brechas de confidencialidad. Los abogados se encargan de los
testamentos, poderes de abogado, tutelas y custodias. Se ofrecen
foros mensuales sobre problemas entre acreedores y deudores.
Alimentos, amistad y servicios familiares - Debido a que la
nutrición adecuada es clave para una buena salud, la GMHC cocina
comidas calientes para sus clientes y les aconseja comer bien. Cosas
sencillas que los voluntarios dan a menudo - una excursión,
ejercicios, un corte de cabello o un masaje - levantan los espíritus
y quiebran el aislamiento. Cuando el SIDA abruma a familias, el "Child
Life Program" (Programa de Vida Infantil) de la GMHC proporciona
grupos de apoyo, una despensa de comidas, niñeras y orientación
familiar.
Una red de seguridad médica y financiera - Con la epidemia en su
segundo decenio, los hospitales y agencias del gobierno
sobrecargados, todavía no están preparados para el SIDA. Los
defensores de la GMHC trabajan la burocracia para obtener mejor
atención médica y derechos legítimos de parte del gobierno. La
planificación financiera de la GMHC y los programas de asistencia de
emergencia ayudan a rescatar a las personas con SIDA de los umbrales
de la pobreza.
CONCLUSIONES
La construcción inicial del SIDA se centró en lo que se
mostraba como la cultura de alto riesgo de hombres gay, a la cual
luego se evidenció que dentro de esta cultura había una gran
variación, y también dentro del grupo de los heterosexuales se
encontraban conductas desviadas. Los usuarios de drogas intravenosas
se convirtieron en el siguiente sector descripto como grupo de
riesgo, donde nuevamente las conductas y creencias de un subsector
eran tomadas para tipificar.
La contrastación del SIDA y la lepra adquiere diversos
aspectos comunes con relación a la construcción social de la
enfermedad, pero lo más relevante es la diferencia del impacto de la
epidemia de SIDA en la actual focalización en los derechos civiles y
en los esfuerzos por proteger la libertad de las personas. Durante
las epidemias del pasado podía apelarse a medidas de exclusión sin
que se interpusieran medidas legales o legislativas.
La identificación de grupos de riesgo considerados con
rasgos culturales distintivos, retrata al SIDA como una enfermedad
que reside en poblaciones distantes y separadas. Este enfoque
cultural de la enfermedad ha impedido esfuerzos para prevenir la
propagación del virus y para educar al público acerca del impacto
potencial de la epidemia en la sociedad.
Con la aparición de nuevas terapias en marzo de 1996, las personas
viven más tiempo y en mejores condiciones físicas, convirtiéndose en
una enfermedad de largo plazo. La realización de distintos trabajos
y el estudio de la continuidad del tratamiento y su consecuencia
sobre la vida cotidiana de las personas afectadas permitirá avanzar
en la comprensión de lo que supone vivir con un tratamiento pesado
y de largo plazo en el caso de una enfermedad transmisible.
El corazón de la tragedia del SIDA reside en las vidas sacrificadas
a una enfermedad prevenible. Hasta que exista una curación, la
educación sola puede retardar el progreso y prevenir la transmisión
del VIH. La Crisis de la Salud de los Hombres Gay (GMHC) residente
en Nueva York ofrece lecciones cruciales que ayudan a evitar el
SIDA. A través de cada medio, emiten mensajes que salvan vidas.
BIBLIOGRAFÍA
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Cuadernos Médico Sociales ISSN 0326-3525
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