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INTRODUCCIÓN.
En una sociedad tan agitada, al parecer, los trastornos de
ansiedad parecen ser la pauta en cuanto a motivos de consulta
inmediatos.
Hasta fines del siglo pasado el padecer de un trastorno de ansiedad
como el obsesivo compulsivo, encerraba una concepción demonológica,
al considerar sus síntomas como productos de influencias satánicas o
maléficas que atormentan a las personas, aunque sin llegar a
posesionarse de ellas . En cambio actualmente es frecuente escuchar
en las conversaciones de la vida cotidiana, a personas confesando
estar obsesionadas con algo o alguien en particular, sin que esto
llegue a considerarse un trastorno propiamente dicho. Y es entonces,
donde aparece una línea continua que nos señala, que conductas puede
ser consideradas psicopatológicas o no.
El estudiar este trastorno nos lleva a una realidad que se hace
inevitable en el amplio espectro de la salud mental, la
interdisciplinariedad, pues al igual que resulta delimitado el
enfocar la neurobiología del trastorno obsesivo compulsivo a un solo
neurotransmisor, sucede con la psicoterapia al trabajar con una
única técnica.
Al desarrollar la investigación de este trastorno, despertó mi
admiración por las diferentes teorías neurobiológicas y cognitivas,
dándome así una visión mas integra, para la mejor comprensión del
trastorno obsesivo-compulsivo.
DESARROLLO.
En la primera ampliación de sus formulaciones psicológicas, Sigmund
Freud no pudo diferenciar entre los fenómenos fóbicos y los obesivo-compulsivos;
dando una visión mas clara de los mismos con el desarrollo de su
esquema psicodinámico. Sin embargo, existían buenas razones para
esta confusión primitiva. Los síntomas fóbicos y los obesivo-compulsivos
no solamente tienen rasgos en común, sino que las características
que se utilizan para diferenciarlos clínicamente no siempre conducen
a una separación clara. De hecho, los fenómenos clínicos se
distribuyen a lo largo de un continuo. Siendo claramente
diferenciados en los extremos de éste, pero hay formas intermedias
en las cuales es difícil decidir cual es la categoría que les
corresponde.
Pero a pesar de la existencia de zonas intermedias de
confusión, es posible designar ciertos síntomas para distinguirlos
de otras manifestaciones clínicas, por sus características
específicas.
Al
investigar este trastorno o desorden, resulta preciso definir dos
conceptos esenciales:
Obsesión. Idea, temor, acto que se presenta repetidamente y es
sentido por el individuo como forzado, impuesto en contra de su
voluntad.
Compulsión. En psicología y en psiquiatría significa este termino
una fuerza interior que determina y domina el pensamiento y la
acción de la persona en contra de su voluntad. El individuo se
siente coaccionado. La compulsión puede extenderse a los
pensamientos y sentimientos, a los actos y al impulso a la acción.
El contenido de la compulsión se caracteriza por sentirlo el sujeto
como extraño a si mismo y, de modo particular, inconciliable con el
ideal del yo. El proceso compulsivo tiene lugar contra la voluntad
consciente a pesar de la oposición del yo debido a la incapacidad
para reprimirlo.
Pero como lo describiría el DSM-IV, el trastorno
obsesivo-compulsivo:
A. Se cumple para las obsesiones y las compulsiones:
Las
obsesiones se definen por (1), (2), (3) y (4):
(1) pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y
persistentes que se experimentan en algún momento del trastorno como
intrusos e inapropiados, y causan ansiedad o malestar significativos
(2) los pensamientos, impulsos o imágenes no se reducen a
simples preocupaciones excesivas sobre problemas de la vida real
(3) la persona intenta ignorar o suprimir estos pensamientos,
impulsos o imágenes, o bien intenta ignorar o suprimir estos
pensamientos o actos
(4) la persona reconoce que estos pensamientos, impulsos o
imágenes obsesivos son el producto de su mente ( y no vienen
impuestos como en la inserción del pensamiento)
Las
compulsiones se definen por (1) y (2):
(1) comportamiento (p.ej., lavado de manos, puesta en orden de
objetos, comprobaciones) o actos mentales (p.ej., rezar, contar o
repetir palabras en silencio) de carácter repetitivo, que el
individuo se ve obligado a realizar en respuesta a una obsesión o
con arreglos a ciertas reglas que se debe seguir estrictamente
(2) el objetivo de estos comportamientos u operaciones mentales
es la prevención o reducción del malestar o la prevención de algún
acontecimiento o situación negativos; sin embargo, estos
comportamientos u operaciones mentales o bien no están conectados de
forma realista con aquello que pretenden neutralizar o prevenir o
bien resultan claramente excesivos.
B. En algún momento del curso del trastorno la persona ha
reconocido que estas obsesiones o compulsiones resultan excesivas o
irracionales. Nota: este punto no es aplicable en los niños
C. Las obsesiones o compulsiones provocan un malestar clínico
significativo, representan una perdida de tiempo (suponen mas de 1
hora al día) o interfieren marcadamente con la rutina diaria del
individuo, sus relaciones laborales (o académicas) o su vida
social.
D. Si hay otro trastorno del Eje I, el contenido de las
obsesiones o compulsiones no se limita a él (p.ej., preocupaciones
por la comida en un trastorno alimentario, arranque de cabellos en
la tricotilomania, inquietud por la propia apariencia en el
trastorno dismórfico corporal, preocupación por las drogas en un
trastorno por consumo de sustancias, preocupación por estar
padeciendo una grave enfermedad en la hipocondría, preocupación por
las necesidades o fantasías sexuales en una parafilia o sentimientos
repetitivos de culpabilidad en el trastorno depresivo mayor).
E. El trastorno no se debe a los efectos fisiológicos directos
de una sustancia (p.ej., drogas, fármacos) o de una enfermedad
médica.
Especificar si: Con poca conciencia de enfermedad: si, durante la
mayor parte del tiempo del episodio actual, el individuo no reconoce
que las obsesiones o compulsiones son excesivas o irracionales.
Aunque antes se creía que el trastorno obsesivo-compulsivo era
relativamente raro en la población general, estudios recientes han
estimado una prevalencia global de 2,5% y una prevalencia anual que
se sitúa entre 1,5 y el 2,1 %.
En cuanto al curso del trastorno, aunque el mismo se suele iniciar
en la adolescencia o a principios de la edad adulta, también puede
hacerlo en la infancia. La edad modal de inicio es menor en los
varones que en la mujeres: entre los 6 y 15 años para los varones, y
entre los 20 y 29 para las mujeres. La mayor parte de la veces la
aparición del trastorno es de carácter gradual, si bien se han
observado casos de inicio agudo. La mayoría de los individuos
presentan crónico con altas y bajas, con exacerbaciones de los
sintamos que podrían estar relacionadas con acontecimientos
estresantes. Alrededor del 15% muestra un deterioro progresivo de
las relaciones sociales y ocupacionales. Aproximadamente un 5% sigue
un curso de carácter episódico, con síntomas mínimos o ausentes en
los periodos intercríticos.
La tasa de concordancia del trastorno obsesivo-compulsivo es
superior en los gemelos homocigotos que en los dicigotos. La
incidencia de este trastorno en parientes de primer grado de
individuos con síndrome de Tourette es superior a la observada en la
población general.
Al hacer el diagnostico diferencial del trastorno
obsesivo-compulsivo, el mismo debe diferenciarse del trastorno de
ansiedad debido a enfermedad médica. Debe diagnosticarse esta ultima
cuando las obsesiones o compulsiones se consideran una consecuencia
fisiológica directa de la enfermedad subyacente, lo cual se basa en
la historia clínica, los hallazgos del laboratorio o la exploración
física.
El
trastorno de ansiedad relacionado con sustancias se diferencia del
trastorno obsesivo-compulsivo porque las obsesiones o compulsiones
se consideran etiológicamente relacionada con esta sustancia ( Ej.,
drogas, fármacos o tóxicos).
Los pensamientos, impulsos, imágenes o comportamientos recurrentes o
intrusos pueden aparecer en el contexto de muchos otros trastornos
mentales. El diagnostico de trastorno obsesivo-compulsivo no debe
efectuarse si el contenido de las ideas o rituales se relaciona
exclusivamente con otro trastorno mental ( p,ej., preocupación por
la propia apariencia en el trastorno dismórfico corporal, inquietud
por un objeto o situación temidos en la fobia especifica o social,
estiramiento del cabello tricotilomanía). El diagnostico adicional
de trastorno obsesivo-compulsivo puede seguir estando indicado si el
contenido de las obsesiones o compulsiones no mantienen relación
alguna con el trastorno mental concomitante.
En el episodio depresivo mayor la constante cavilación sobre
acontecimientos potencialmente desagradables o sobre posible
acciones alternativas es una característica frecuente y se considera
un aspecto de la depresión congruente con el estado de animo mas que
un síntoma de trastorno obsesivo-compulsivo.
El trastorno de ansiedad generalizada se caracteriza por
preocupaciones excesivas, que se diferencian de las obsesiones por
el hecho de que el individuo las experimenta como una inquietud
excesiva referente a circunstancias de la vida real.
Si estas ideas perturbadoras de carácter recurrente se relaciona
exclusivamente con el miedo a padecer o estar padeciendo una
enfermedad importante y este miedo deriva de la incorrecta
interpretación de síntomas físicos, en vez de un trastorno
obsesivo-compulsivo debe diagnosticarse una hipocondría. Sin
embargo, si la preocupación por tener una enfermedad se acompaña de
rituales como lavados o comprobaciones excesivas por el miedo a
empeorar o bien a contagiar dicha enfermedad a los demás, puede
estar indicado el diagnostico adicional de trastorno
obsesivo-compulsivo. Si existe una preocupación prominente por
contraer la enfermedad (mas que por padecerla) y no hay
comportamiento ritual alguno, el diagnostico mas apropiado es fobia
especifica a al enfermedad.
La capacidad de estos individuos para reconocer que las obsesiones o
compulsiones resultan excesivas o irracionales se manifiesta a los
largo de un continuum. En ocasiones en el trastorno
obsesivo-compulsivo el sentido de la realidad puede haberse perdido
y la obsesión adquiere a veces dimensiones delirantes (p.ej., la
creencia de que uno es el responsable de la muerte de otro
individuo por el simple hecho de haberla deseado en algún momento).
En estos casos la presencia de síntomas psicóticos puede hacerse
constar mediante el diagnostico adicional de trastorno delirante o
trastorno psicótico no especificado. La especificación con poca
conciencia de enfermedad puede ser útil en las situaciones que se
encuentran a medio camino entre la obsesión y el delirio (p.ej., un
individuo cuya preocupación por contraer una enfermedad, aunque
exagerada, es menos intensa que el trastorno delirante y se
justifica por la ubicuidad innegable de los gérmenes).
Las ideas delirantes de carácter recurrente y los comportamiento
estereotipados extraños que se observan en la esquizofrenia se
diferencian de las obsesiones y compulsiones por el hecho de no
revestir de carácter egodistónico y no ser congruentes con la
realidad. No obstante, algunos individuos presentan síntomas de
trastorno obsesivo-compulsivo y esquizofrenia a la vez, lo que
justifica el simultaneo de ambos trastornos.
Los tics (en el trastorno de tics) y los movimientos estereotipados
(en el trastorno de movimientos estereotipados) deben diferenciarse
de las obsesiones. El tic se define como un movimiento o una
vocalización bruscos, rápidos, recurrentes, no rítmicos, y
estereotipados (p.ej., parpadeo, protrusión lingual, aclaramiento de
la garganta). Un movimiento estereotipado se define como un
comportamiento motor repetitivo, no funcional y aparentemente
impulsivo (p.ej., darse golpes en la cabeza, tambalearse, morderse a
uno mismo). A diferencia de los actos compulsivos, los tics y los
movimientos estereotipados son típicamente menos complejos y no
tienen como objetivo neutralizar una obsesión. Algunos individuos
presentan síntomas de trastorno obsesivo-compulsivo y trastorno de
tics a la vez, lo que puede justificar el diagnostico simultaneo de
ambos trastornos.
Algunas actividades como comer (p.ej., trastornos alimentarios), el
comportamiento sexual (p.el., parafilias), el juego (p.ej., juego
patológico) o el consumo de sustancias (p.ej., dependencia o abuso
de alcohol), han recibido la calificación de compulsivas cuando se
llevan a cabo de forma excesiva. Sin embargo, y según la definición
recogida en este manual, no pueden considerarse compulsiones toda
vez que la persona suele obtener placer a través de dichas
actividades y muchos desean abandonarlas debido a sus consecuencias
perjudiciales.
Aunque el trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad y el
trastorno obsesivo-compulsivo comparten semejanzas nominales, las
manifestaciones clínicas de estos trastornos son bastantes
diferentes. El trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad no
se caracteriza por la presencia de obsesiones o compulsiones; el
individuo, ya al principio de la edad adulta, está permanentemente
preocupado por el orden, el perfeccionismo y el control. Si el
individuo presenta síntomas de ambos trastornos, puede estar
indicado el diagnostico simultaneo de trastorno obsesivo-compulsivo
de la personalidad y trastorno obsesivo-compulsivo.
Las supersticiones y los comportamientos repetidos de comprobación
son frecuentes en la vida cotidiana. En estos casos solo debe
considerarse el diagnostico de trastorno obsesivo-compulsivo si
aquellos suponen una perdida diaria de tiempo significativa o dan
lugar a una acusado deterioro de la actividad global del individuo o
a un malestar clínicamente significativo.
La antigua creencia que trastorno obsesivo-compulsivo era el
resultado de experiencias personales ha sido debilitada ante la
evidencia creciente de que el factor biológico es un colaborador
primario al trastorno. El hecho de que pacientes con trastorno
obsesivo-compulsivo responden bien a medicamentos específicos que
afectan el neurotransmisor serotonina sugiere que el trastorno tiene
una base neurológica.
Según Alfredo H. Cía en su libro Trastorno Obsesivo-Compulsivo y
síndromes relacionados la hipótesis clásica serotoninérgica del TOC
de Yaryura-Tobías y col. (1977), relaciona a esta enfermedad con una
deficiencia de serotonina, debido a que los pacientes presentaban
respuestas favorables a la clomipramina, un bloqueador de la
recaptación de la 5-HT. Los mismo autores aseveraron aun mas esta
teoría del déficit de serotonina, a partir de observar que los
niveles plasmáticos de 5-HT se encontraban reducidos en pacientes
con TOC. Otro estudio no controlado de Yaryura-Tobías y col. (1977)
reporto el L-triptofano, precursor se la 5-HT, podría reducir los
síntomas obsesivos y, además, actuar como coadyuvante en el efecto
antiobsesivo de la clomipramina, según Rassmussen (1984). En base a
esta hipótesis, se podría esperar que la administración de un
agonista de la 5-HT como la m-CFP a los pacientes de TOC, tendiese a
reducir los síntomas OCs, al menos transitoriamente. Sin embargo, el
efecto es opuesto, dado que se produce un incremento de síntomas en
estos pacientes. Aun más, el tratamiento beneficioso con
clomipramina en los pacientes de TOC, se encuentra asociado a una
disminución de la respuesta serotoninérgica en los mismos, al
compararlo con la respuesta de una prueba de activación
serotoninérgica, con 0,5mg/kilo de peso de m-CFP, que se le hace a
pacientes libres de medicación (Zohar y col., 1984). Estos hallazgos
son consistentes con la hipótesis de que hay un incremento de la
respuesta serotoninérgica asociada a las características
psicopatológicas del TOC, mas que una deficiencia de 5-HT.
Por lo que Cia concluye que los últimos hallazgos son consistentes
con la comprobación de que hay una respuesta serotoninergica
aumentada, mas que disminuida en los pacientes con TOC y que la
acción terapéutica de los inhibidores de la recaptacion de
serotonina (IRSs) en general, podría estar relacionada con su
habilidad para regular en baja la función serotoninérgica.
Igualmente Cía continua señalando diferentes teorías e hipótesis en
su capitulo 4, abarcando la neuroanatomia funcional que interviene
en el TOC.
Se
plantean el compromiso de los ganglios basales, de las estructuras
límbicas y de la corteza prefrontal, en la génesis de los sintomas
del TOC.
MacLean (1985) y Rolls y col. (1983), demostraron que el estriado
puede actuar como una estación muy especializada que evalúa y sirve
de puerta de entrada a la información sensorial, y también la
procesa y elabora, originando respuestas comportamentales
complejas. Cuando existen disfunciones en esta área, el resultado
es que las informaciones aferentes ingresan inmodificadas o sin
procesar y pueden llevar a respuestas comportamentales inadecuadas,
incluyendo comportamientos perseverativos (Schneider, 1984).
Mazziotta, Phelps y Wapenski (1985), quienes evaluaron a pacientes
de Corea de Huntington, concluyeron que dicha enfermedad y el TOC
involucran el mismo tipo de patología del estriado, pero que hay
diferentes sistemas neuroquimicos involucrado en cada uno de ellos.
La disfunción del estriado señalaba la incapacidad de este para
poder integrarse en funciones con la neocorteza, ya que por ejemplo,
los pacientes con Corea de Huntington, teniendo lesionado el
estriado, necesitaba concentrarse mas un movimiento automática
usual, como es el de firmar, y experimentan muchos movimientos que
los distraen, no relacionados con la tarea, y que aparecen al no
funcionar bien el estriado y activar solamente la corteza motora.
Otros autores como Baxter y col. (1991), concluyeron que la
patología primaria del TOC debe asentar en el estriado, y que los
comportamientos anormales de esta enfermedad ocurren por una
interacción disfuncional del mismo con diferentes regiones
corticales que, consecuentemente, deben aumentar su actividad a
niveles anormales, a medida que el individuo tiene que realizar las
distintas actividades cotidianas. Alteraciones en la marcha y en las
funciones de evaluación general del estriado, podrían conducir a una
variedad de fenómenos agregados, tanto sensaciones como pensamientos
o actos motores, que se vuelven mas conscientes en el TOC.
Una
persona normal usualmente puede inhibir efectivamente la presencia
de estos agregados, apelando a mecanismos del sistema estriado, en
combinación con actividades de la corteza, durante la ejecución de
comportamientos de rutina. Temas referidos a la agresión, el
peligro, a la higiene y al sexo, que suelen ser el núcleo de las
obsesiones, se relacionan a impulsos que los seres humanos actuales
deben guardar bajo control para poder funcionar adecuadamente en
sociedad. Si el sistema córtico-estriado funciona correctamente un
adulto normal realiza una pequeña toma de conciencia, pero cuando
resulta disfuncional, estas sensaciones, pensamientos e impulsos,
tenderían a aparecer una y otra vez, surgiendo las obsesiones. De
esta manera se considera a las compulsiones como patrones de acción
relativamente fijos ejecutados por este sistema, en respuesta a
sensaciones y pensamientos que no pueden ser inhibidos.
Los esfuerzos conscientes para combatir estos impulsos, como por
ejemplo el pensamiento ritualísitco o supersticioso, la evitación y
otros, podrían ser vistos, según la siguiente hipótesis, como
respuestas corticales producidas por esta disregulación. La región
orbitaria del cerebro, el área principal de la corteza límbica,
genera, al dañarse, una tendencia individual a la violencia, a
conductas sexuales inadecuadas y a una falta de preocupación por la
limpieza e higiene (Stuss y Benson, 1986). La mediación de la
ansiedad, podría estar a cargo de otras partes del sistema límbico
propiamente dicho, como cingulum.
Según esta teoría, en el TOC un impulso o pensamiento inaceptables
referidos a la violencia, al sexo o a la suciedad, que los adultos
normales pueden dejar de lado o reprimir fácilmente activando su
sistema orbito-estriado intacto, pueden irrumpir en la conciencia
por la disfunción estriada, haciendo que las áreas orbitales
intactas intenten afrontar esta situación mediante mecanismos
conscientes como los rituales. Un sistema dañado de esta manera,
también estaría predispuesto a repetir estas situaciones, generando
la naturaleza perseverativa de los síntomas del TOC.
Los investigadores apoyados por el National Institute of
Mental Health han usado un mecanismo conocido como escansionador de
tomografía de emisión de positrones (PET) [siglas corresponden el
nombre en inglés: "positron emission topography scanner"] para
estudiar los cerebros de pacientes con trastorno
obsesivo-compulsivo, de manera de poder identificar factores
biológicos que pueden ser importantes en el comienzo o en la
pertinacia del trastorno obsesivo-compulsivo. Varios grupos de
investigadores han obtenido resultados de las exploraciones PET que
sugieren que los pacientes con trastorno obsesivo-compulsivo tienen
esquemas de actividad cerebral que difieren de los de personas sin
enfermedad mental o con alguna otra enfermedad mental. Los estudios
de formación de imágenes cerebrales de pacientes con trastorno
obsesivo-compulsivo muestran actividad neuroquímica anormal en
regiones conocidas por su función en ciertos trastornos neurológicos
sugieren que estas áreas pueden ser fundamentales en los orígenes de
trastorno obsesivo-compulsivo. También hay evidencia de que
tratamiento con medicación o terapia conductista puede producir
cambios en el cerebro que coinciden con una mejoría clínica.
(Exploraciones PET: Normales y de trastorno obsesivo-compulsivo )
La actividad cerebral en el cerebro de una persona con trastorno
obsesivo-compulsivo (derecha) y el cerebro de una persona sin
trastorno obsesivo-compulsivo (izquierda). Tambien se evidencia un
aumento de actividad en una región del cerebro llamada la corteza
frontal cerebral. FUENTE: Lewis Baxter, UCLA Center for Health
Sciences, Los Angeles, CA.
Estudios preliminares recientes usando formación de imagenes de
resonancia magnética (magnetic resonance imaging -MRI) mostraron que
los casos con trastorno obsesivo-compulsivo tenían
significativamente menos materia blanca que los casos normales de
control, lo cual sugiere una anormalidad cerebral ampliamente
distribuida en el trastorno obsesivo-compulsivo. El entendimiento
acerca del significado de este descubrimiento será explorado en
mayor profundidad con estudios neuropsicológicos y estudios de
formación de imágenes neurológicos (Jenike et al., 1996).
Los síntomas de trastorno obsesivo-compulsivo se ven en
conjunto con algunos otros trastornos neurológicos. Hay un aumento
en la tasa de trastorno obsesivo-compulsivo en personas con el
síndrome de Tourette, una enfermedad caracterizada por movimientos y
vocalizaciones involuntarios. Aparece con una frecuencia del 32-50%.
Estos pacientes obtienen puntuaciones más altas que controles en
escalas de obsesionalidad y tienen alta frecuencia de antecedentes
familiares con trastorno obsesivo- compulsivo. El 57% de pacientes
con trastorno obsesivo-compulsivos tienen tics.
Los investigadores actualmente están estudiando la hipótesis de que
existe una relación genética entre el trastorno obsesivo-compulsivo
y trastornos de tic.
El carácter cognitivo de este trastorno presenta rasgos centrales en
el procesamiento de la información, como lo son la alteración en los
procesos de la memoria y el déficit cognitivo (Reed, 1977). Autores
como Zozak, Foa y McCarthy (1988) sugirieron que los pacientes
obsesivos-compulsivos evidencian disfunciones cognitivas en 4 áreas
fundamentales:
-presentar dudas e indecisiones,
-sobreestimar la probabilidad de un daño o peligro,
-tener creencias irracionales asociadas a este daño, y
-presentar disfunciones en la organización e integración
de la experiencia.
El rol de las creencias irracionales y la amenaza percibida resulta
central en las teorías cognitivas. Se han efectuado investigaciones
empíricas para estudiar temas como la duda, la indecisión y las
alteraciones en la organización e integración de la experiencia que
evidencian estos pacientes. Entre esas investigaciones, Milner,
Beech y Walker (1971) informaron que pacientes con TOC, comparados
con pacientes depresivos, necesitan mas repeticiones de ensayos,
cuando se les solicita distinguir entre tonos auditivos presentados.
En 1976, Volans descubrio que a los verificadores obsesivos les
hacen falta mas datos cuando tienen que tomar una desición, si se
los coteja con los sujetos normales o los fóbicos. Por otra parte,
Sartory y Master (1984), describieron que los pacientes con TOC
muestran mucha mayor indecisión y duda comparados a los controles
normales, en una prueba motora con un paradigma de contingencias
variables negativas.
En la organización e integración de la experiencia, numerosos
estudios sugieren que los obseso-compulsivos tienden a establecer
categorías conceptuales estrechas, empleando límites casi
inflexibles en su categorización. Reed (1977), demostró que los
pacientes que padecen de TPOC, escogían menos alternativas cuando
tienen que identificar miembros de una clase o categoría, y que
establecen mas divisiones en una tarea de selección en comparación a
los controles (Reed, 1969).
Otros autores como Parsons y Foa (1984) desarrollaron una hipótesis
llamada “conceptos complejos”, donde se señala que los
obseso-compulsivos hacen una definición mas detallada o comprometida
de los conceptos, especialmente en aquellos referidos a sus
dificultades, como la contaminación o peligros potenciales.
Otros estudios han encontrado déficits específicos en el proceso de
la memoria de los pacientes con TOC. Reed (1977) observó que los
pacientes con trastorno de personalidad obsesivo.compulsiva (TPOC),
tenían una mejor evocación mnésica inmediata y un recuerdo de la
información anecdótica mas detallados, que los sujetos con otros
trastornos de personalidad y que, se basaban casi exclusivamente en
la imaginería visual, mientras que los sujetos de control basaban
sus recuerdos en imágenes de diversas modalidades. En dos estudios
en que se utilizaron individuos considerados normales, a los que se
les administro el Maudslaey Obsessive Compulsive Inventory (test
para evaluar el TOC (Sher, Frost y Otto, 1983)), los que puntuaron
alto evidenciaron menos recuerdos de las acciones anteriores y
subestimaron su habilidad para distinguir entre recuerdos de sucesos
imaginarios y reales, mientras que aquellos que puntuaron bajo no
tuvieron estas dificultades.
Las hipótesis cognitivas pueden ser particularmente útiles para
ampliar nuestra comprensión de los procesos psicológicos
involucrados en la génesis, desarrollo, mantenimiento y tratamiento
de los pensamientos intrusivos, particularmente cuando ocurren en
ausencia de rituales compulsivos, abiertos o encubiertos. Marks
(1987) ha destacado que: “ Las numerosas formas cognitivas del TOC
podrían ser tanto un signo como su causa”.
El Trastorno obsesivo-compulsivo al igual que sus numerosas
implicaciones, puede ser tratado por las siguientes terapias a
mencionar:
Farmacoterapia. Pruebas clínicas en años recientes han mostrado que
drogas que afectan el neurotransmisor serotonina pueden reducir
significativamente los síntomas del trastorno obsesivo-compulsivo.
El primero de estos inhibidores de la ingestión de serotonina (SRI)
[siglas corresponden al nombre en inglés: serotonin reuptake
inhibitors] específicamente aprobado para uso en el tratamiento fue
el antidepresivo tricíclico clomipramina (Anafranil*). Esto fue
seguido por otros SRI llamados "inhibidores selectivos de la
ingestión de serotonina" (SSRIs) [siglas corresponden al nombre en
inglés: "selective serotonin reuptake inhibitors"]. Aquellos que han
sido aprobados por la Administración de Alimentos y Drogas (Food and
Drug Administration - FDA) para el tratamiento de TOC son
fluoxetina (Prozac ), fluvoxamina (Luvox*) y paroxetina (Paxil*).
Otro que ha sido estudiado en pruebas clínicas controladas es
sertralina (Zoloft ). Estudios extensos han demostrado que más de
tres cuartos de pacientes son ayudados, al menos un poco, por estos
medicamentos. Y en más de mitad de los pacientes la medicación
alivia síntomas del TOC al disminuir la frecuencia e intensidad de
las obsesiones y compulsiones. La mejoría por lo general lleva tres
semanas o más. Si un paciente no responde bien a uno de estos
medicamentos, o tiene efectos secundarios inaceptables, otro SRI
puede dar una respuesta mejor. Se están haciendo investigaciones
sobre el uso de un SRI como el medicamento principal y uno de una
variedad de medicamentos como una droga adicional (un aumentador)
para pacientes que sólo son parcialmente sensibles a estos
medicamentos. La medicación es útil en el control de los síntomas
del TOC pero a menudo, si se deja el medicamento, luego habrá una
recaída. De hecho, aún cuando los síntomas han disminuido, la
mayoría de las personas necesitarán continuar con medicación
indefinidamente, quizás con una dosificación más baja.
Terapia cognitiva- conductual. Psicoterapia tradicional, dirigida a
ayudar al paciente a desarrollar percepción acerca de su problema,
generalmente no es útil para TOC. Sin embargo, un método específico
de terapia llamada "prevención de exposición y reacción" [exposure
and response prevention"] es efectivo para muchas personas con TOC.
Este método implica que el paciente se enfrenta, deliberada o
voluntariamente, al objeto o idea temida, ya sea directamente o con
la imaginación. Al mismo tiempo, el paciente es alentado a abstener
de sus rituales con apoyo y estructura provistos por el terapeuta, y
posiblemente por otros que el paciente reclute para asistirle. Por
ejemplo, una persona que se lava las manos compulsivamente puede ser
alentada a tocar un objeto que él/ella cree está contaminado y luego
la persona es instada a evitar lavarse por varias horas hasta que la
ansiedad provocada se haya reducido en gran parte. El tratamiento
entonces procede paso por paso, guiado por la habilidad del paciente
a tolerar ansiedad y controlar los rituales. A medida que progresa
el tratamiento, la mayoría de los pacientes gradualmente sienten
menos ansiedad causada por los pensamientos obsesivos y pueden
resistir los impulsos compulsivos.
Estudios de terapia cognitivo-conductual para TOC han encontrado que
es un tratamiento exitoso para la mayoría de los pacientes que lo
completan. Para que el tratamiento sea exitoso, es importante que el
terapeuta sea totalmente capacitado para proveer este tipo
específico de terapia. También es útil que el paciente esté muy
motivado y tenga una actitud positiva y determinada.
Los efectos positivos de esta terapia perduran una vez que el
tratamiento ha terminado. Una compilación reciente de estudios de
resultado indica que de más de 300 pacientes con TOC que fueron
tratados con prevención de exposición y reacción, un promedio del 76
por ciento todavía demostraba aligeramiento significativo 3 meses a
6 años después del tratamiento (Foa & Kozak, 1996). Otro estudio ha
encontrado que el incorporar componentes de prevención de recaída
en
el programa de tratamiento, junto con sesiones de seguimiento luego
de terapia intensiva, contribuye al mantenimiento de mejoría (Hiss,
Foa y Kozak, 1994).
Estudios como el de Emmelkamp y col, 1980, que investigo la utilidad
de combinar la denominada Modificación Cognitiva con la exposición
in vivo muestran su efectividad al entrenar al que el paciente se
autoinstruya a emitir enunciados o suposiciones positivas y a
preparar, confrontar y reforzar, con la práctica, sus pensamientos.
Terapia electroconvulsiva. En general, la terapia electroconvulsiva
(TEC) no se ha considerado un tratamiento útil para el TOC, excepto
quizás cuando existe una depresión asociada grave. Sin embargo, los
informes de casos y las series de casos sugieren que el TEC puede
jugar un papel en aquellos pacientes resistentes a otros
tratamientos. En una revisión retrospectiva de 32 pacientes con TOC
tratados con TEC entre 1979 y 1991, Maletzky y col., concluyeron que
la mayoría de pacientes mejoraron considerablemente, algunos
tuvieron beneficios de larga duración, los deprimidos y los no
deprimidos respondieron igual de bien, y el TOC mejoró
independientemente de la depresión. En general, por razones
bien expuestas por Jenike y Rauch, el entusiasmo hacia la TEC como
tratamiento del TOC sigue siendo bajo.
Neurocirugía. La neurocirugía (para algunos todavía psicocirugía)
en forma de procedimientos como una capsulotomía anterior,
cingulotomía anterior, y tractotomía subcaudal, ha sido una
intervención eficaz y relativamente segura para algunos sujetos con
TOC incapaces y resistentes a otros tratamientos. El uso del llamado
cuchillo gamma ha obviado la necesidad de hacer agujeros y ha hecho
posible un estudio controlado con placebo que actualmente espera
hallar soporte.
CONCLUSIÓN.
Quizás las conclusiones a las que se llegan después de estudiar un
trastorno en particular, no sean tan diferentes de lo que autores
dedicados a la investigación pueden citar.
A mi parecer el concluir que se necesita seguir escarbando hasta
llegar al fondo del trastorno, a la génesis del mismo o que no es
una terapia, o un fármaco la mágica cura, sino la conjunción de
estrategias lo que hace que el tratamiento del trastorno obsesivo
compulsivo sea eficaz, ya esta muy hablado.
Lo que en realidad me gustaría mencionar, es la obligación que como
agentes de salud mental debemos tener para realizar un adecuado
diagnostico y así evitar que el paciente pierda salud, bienestar,
tiempo y dinero en encontrar una respuesta a su sufrimiento.
Entonces esto se resumiría en una sola palabra “formación”, en base
al trastorno obsesivo-compulsivo, y demás trastornos de ansiedad.
También considero muy importante el factor preventivo que debe
comenzar desde el hogar, dejando de lado costumbres o hábitos que
tienen ese carácter reiterativo de la obsesión.
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