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Es un texto
cuyo objetivo es el de abordar el mecanismo de defensa de la psicosis,
seguir la búsqueda de un modo de defensa específico de la psicosis y
diferente de la represión.
Este es el
primer texto que escribe en relación a la psicosis y lo títula
neuropsicosis de defensa porque el objetivo es el situar a la psicosis
como determinada por una defensa psíquica. Lo que tienen en común las
neurosis y las psicosis es que ambas están determinadas por una
defensa psíquica.
Puede
parecer innecesario decir esto ahora pero en 1894 el abordaje de la
psicosis era psiquiátrico.
Dentro de la
psiquiatría alemana se pensaba a la psicosis como determinada por un
sustrato anatómico patológico, y hasta ese momento se abocaba al
estudio de las psicosis mediante la clasificación de la sintomatología
y buscando el sustrato orgánico que la causaba.
A fines del
siglo XIX se empieza a pensar en una causalidad psíquica de la
psicosis gracias a Freud, quien dice que es una patología causada por
una defensa psíquica que es diferente.
A partir de
este momento para Freud, para el psicoanálisis y para la psiquiatría
se establece una oposición entre neurosis y psicosis, ya que desde el
momento en que Freud sitúa a la psicosis como determinada por una
defensa psíquica diferente, dice que estas estructuras son
excluyentes.
Por ejemplo
cuando se habla de "núcleos esquizofrénicos" estos pueden pensarse
como síntomas pero no como formando parte de la estructura.
De ahí la
importancia de hacer un diagnóstico diferencial desde la estructura y
no quedarse solo con la manifestación sintomática de los pacientes.
La
estructura determina una fenomenología que son los síntomas (en un
sentido amplio), pero cuando se hace un diagnóstico diferencial no hay
que hacerlo solo con la sintomatología porque así es que aparece esto
de "neurótico obsesivo con rasgos paranoicos", en tanto lo que puede
haber es una neurosis obsesiva con síntomas paranoicos.
Freud habla
de neurosis mixtas pero se refiere a síntomas mixtos y no a
estructuras mixtas.
El término
mixta se encuentra sobre todo en los primeros textos de Freud donde lo
utiliza para explicar el hecho de que los síntomas neuróticos se
asocian muchas veces a síntomas actuales, o también que los síntomas
de una determinada neurosis se asocian a los de otra distinta. En
"Psicoterapia de la Histeria" dice que cuando nos encontramos en
presencia de una neurosis mixta se puede mostrar la existencia de una
mezcla de varias etiologías específicas, pero aquí sostiene que la
psicosis no es compatible con la histeria ni con la neurosis
obsesiva. Las estructuras son excluyentes, a pesar de que puedan
aparecer síntomas (obsesivos o fóbicos en una estructura histérica,
que pueda haber conversiones un la neurosis fóbica) y pueda aparecer
una alucinación en una estructura neurótica sin que por ello deje de
ser una neurosis.
Freud se
aproxima al modo de defensa de la psicosis y a veces habla de
represión porque no sabe como llamarlo, pero represión hay que leerlo
como defensa en un sentido global.
En Schreber
define el mecanismo de la psicosis pero no le da un nombre correcto ya
que habla de rechazo por primera vez y si bien el término es el
correcto el concepto no es totalmente preciso porque todavía no está
claro que es una defensa estructurante, es decir determinante de una
estructura y que es un proceso inconsciente. En otros textos dice que
el yo voluntariamente expulsa representaciones. Habla de los dos
casos anteriores porque el texto tiene tres partes: la primera de
histeria, la segunda de neurosis obsesiva y la tercera es de psicosis
alucinatoria.
La
referencia que hace en los puntos I y II es acerca de cómo actúa la
represión en las neurosis.
La represión
separa la representación de la investidura libidinal. El destino de la
representación es el de devenir inconsciente y la investidura tiene
tres destinos posibles que son el desplazamiento, la supresión y la
transformación en angustia.
El
desplazamiento opera tanto en la neurosis fóbica como en la neurosis
obsesiva, la supresión transcurre en la histeria con la inervación
somática y la transformación en angustia esta siempre presente dado
que aunque se produzca la formación de síntomas siempre hay un resto
de investidura que queda sin ligar y este resto es el que se
transforma en angustia.
La
investidura se enlaza por desplazamiento a una representación que se
constituye en objeto fobigeno o se desplaza hacia otra representación
de contenido nimio y a partir de esta falso enlace se convierte en
representación obsesiva. Estas representaciones que surgen como
obsesivas o como objeto fobigeno son sustituciones de representaciones
reprimidas.
En la
histeria la investidura de dirige al cuerpo produciendo una inervación
somática y quedando suprimida. Esto es lo que aparece como la bella
indiferencia en relación a los síntomas.
Con esta
inervación somática el cuerpo pasa a constituirse en el soporte de la
representación reprimida, el cuerpo habla. El síntoma conversivo
implica la ligadura de una representación que se mantiene inconsciente
con un órgano, y esta representación reprimida habla en el cuerpo.
Freud dice
que en la psicosis opera un modo de defensa aún más radical. El yo
rechaza la representación intolerable conjuntamente con su investidura
y es como si nunca hubiera formado parte de él.
Freud lo
piensa a la manera de una expulsión, es como si una representación
hubiera sido expulsada del yo con su investidura y así establece una
diferencia con la represión. La represión actúa sustrayendo la
investidura que tiene tres destinos posibles, dos de los cuales
(desplazamiento y supresión) dan origen a la formación de síntomas y
determinan el retorno de lo reprimido o sustitutivo por medio de una
transacción o formación de compromiso entre el deseo y la defensa.
En la
psicosis se aparta la representación intolerable junto con su
investidura y esto determina un retorno diferente que no es
sustitutivo, tiene otras características ya que se trata de un retorno
como dato perceptivo en lugar de ser un retorno a través del lenguaje.
Podría
decirse que el rechazo es una ausencia de inscripción, algo que
debería haberse inscripto no se inscribió y produce un agujero que es
rellenado luego con el delirio.
Al no
inscribirse se produce una falla estructural en la represión primaria.
Freud da un
caso clínico de psicosis alucinatoria y el proceso que lleva a la
sujeto a las alucinaciones puede describirse como que el yo se separa
de la representación intolerable pero esta representación se halla
unida a un trozo de la realidad.
La sujeto
rechaza una representación intolerable relativa a la ausencia del amor
del joven, pero no a la manera neurótica quedando reprimida y
apareciendo una representación sustitutiva sin una perdida de la
realidad consensuada. Aquí se encuentra bajo un conjunto de
alucinaciones y determinada por un delirio, se alude a que hay una
perdida de la realidad consensuada.
Esto sucede
porque la representación intolerable es expulsada radicalmente del yo
conjuntamente con su investidura y esta representación que el yo
aparta se entrama de manera inseparable con la realidad objetiva. El
sujeto no solo se aparta de la representación sino que también se
aparta de la realidad consensuada.
Freud habla
de dos momentos de la enfermedad, primero en relación al rechazo como
defensa fundante de la psicosis, y segundo que en algún momento se va
a producir el brote psicótico.
Cuando algo
de la realidad se liga con la representación no inscrita se produce la
reacción en forma psicótica.
Cuando se
habla de prepsicosis esto se refiere a la anterioridad al
desencadenamiento de la psicosis, pero la estructura es psicótica.
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