En este
material de 1916, Freud retoma conceptos de "Introducción al
narcisismo", analizando situaciones normales (sueño, situaciones de
enfermedad orgánica) y patológicas (neurosis narcisistas, demencia
precoz, paranoia, melancolía) a la luz del narcisismo como modalidad
de movilización de la libido.
La
represión puede hacer entrar en conflicto los instintos del yo (o de
autoconservación) con los sexuales (o de la especie), donde estos
últims son derrotadas y obligados a buscar una satisfacción
compensatoria. La angustia está más relacionada con esta no
satisfacción de lo sexual que con la no satisfacción del hambre o la
sed (instintos de autoconservación).
Mayormente, no interesa si los instintos del yo y de la especie son o
no dos tipos diferentes de energía, aunque sí importa diferenciarlos
conceptualmente.
La
diferencia entre ambos se advierte claramente en las neurosis de
transferencia, la cual se reduce a un conflicto entre ambos tipos de
instinto. Tales neurosis presentan también analogías con la demencia
precoz y con otras afecciones.
Abraham
había advertido que lo típico de la demencia precoz (un tipo de
psicosis) consistía en la ausencia de investidura libidinal sobre los
objetos, la cual se retraía sobre el yo y explicaba así, por ejemplo,
las manías de grandeza. Esto es correcto, pero agreguemos que la
libido que estaba depositada en los objetos antes fue yoica
(narcisismo primitivo); posteriormente esta libido del yo se fijó en
los objetos, extendiéndose sobre ellos como los seudópodos de la
ameba.
El
movimiento de la libido del yo a los objetos y viceversa, permite
explicar también conductas normales como el sueño, el enamoramiento y
conductas relativas a enfermedades orgánicas.
Durante el
dormir la libido retorna al yo, se desconecta del mundo externo
refugiándose egoístamente en la vida intrauterina. El narcisismo
aparece como el complemento libidinal del egoísmo: éste último implica
un fin utilitario, mientras que el primero, placer. En el altruísmo,
en cambio, los objetos no se subordinan a la libido, y no hay búsqueda
de satisfacción sexual, pero en el egoísmo sí: el mundo externo de los
objetos queda reducido a los restos diurnos, subordinados a la
realización de un deseo.
En la
enfermedad orgánica, los objetos del mundo son descatectizados y la
libido retorna al yo, y más específicamente al órgano enfermo. También
ocurre esto en la hipocondría, aún cuando no haya aquí una afección
orgánica. Las diferencias entre la enfermedad orgánica y la
hipocondría son dos: primero, en la hipocondría hay una fuerte
fijación al narcisismo primitivo verificándose una tendencia a
retornar a él; y segundo, en la hipocondría hay una dificultad para
recatectizar al objeto externo: aunque lo intenta una y otra vez, no
puede conseguirlo; a lo sumo, recatectiza sólo su sombra, su
representación verbal. En cambio en la enfermedad orgánica, así como
en el sueño, una vez pasados tales estados, se vuelve fácilmente a
recatectizar los objetos.
Asimismo,
debemos también diferenciar libido de interés: la primera está
relacionada con los instintos sexuales, mientras que el segundo con
los instintos de conservación del yo.
La teoría
de la libido surgió a partir del estudio de las neurosis de
transferencia y de las neurosis narcisistas. Las primeras son más
fáciles de analizar porque allí es posible vencer resistencias, cosa
que no ocurre en las neurosis narcisistas. Estas últimas pueden, sí,
estudiarse a partir de lo que ocurre en las neurosis de transferencia,
en virtud de la analogía entre ambas en lo concerniente a los
movimientos de la libido.
La
paranoia y la demencia precoz presentan también rasgos similares. En
la paranoia, si el enfermo se siente perseguido es porque se juzga
importante debido a que la libido objetal fue retraída al yo. Se trata
de un narcisismo secundario, reedición del narcisismo primitivo de la
primera infancia, al igual que en la demencia precoz.
Como el
objeto persecutorio primero y original había sido del mismo sexo, y
era alguien por quien el paciente sentía gran afecto, surge que la
retiración de la libido del mismo está vinculada con una represión de
tendencias homosexuales. El retorno de estas tendencias generarán
luego angustia (que no es una angustia frente a un peligro real, es
decir, no surge del instinto de autoconservación sino del instinto
sexual). Freud cita un caso ilustrativo al respecto: el del oficial
que había reprimido un vínculo homosexual.
La
elección homosexual de objeto facilita grandemente el retorno al
narcisismo cuando el sujeto reprime su afecto por el objeto. Así, hay
dos tipos de elección de objeto: a) narcisista, donde el yo del sujeto
es reemplazado por otro yo muy similar, lo que puede verse en la
homosexualidad manifiesta; y b) extensiva, donde son revestidas de
libido aquellas personas que fueron indispensables para la
satisfacción de las necesidades vitales del sujeto (alimento, etc.).
La
melancolía es otra afección narcisista, donde la libido del objeto
perdido es retirada de éste y retorna al yo, produciéndose una
identificación narcisista: el objeto queda incorporado al yo, queda
proyectado sobre él como una sombra. De aquí los autorreproches: el yo
es quien recibe las agresiones y venganzas que debían haber ido hacia
el objeto perdido. Con el suicidio, el melancólico suprime al mismo
tiempo su propio yo y el objeto a la vez amado y odiado
(ambivalencia).
El estudio
de las afecciones narcisistas ha contribuído también a aclarar el
concepto de 'ideal del yo', entendiéndose por éste último una
reedición del narcisismo primario infantil.
M.Psc.-Licdo. Roberto Pablo
Cardozo H
Costa Rica
|