|
La anorexia nerviosa (AN) constituye la cruel excepción a una regla
universal que se cumple en toda la naturaleza: Ningún ser vivo muere
de inanición si existen alimentos disponibles.
Según el DSM IV este trastorno de la conducta se caracteriza por:
1. Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor
mínimo normal considerando la edad y la talla. Si se inicia en la
adolescencia en lugar de perder peso se puede observar falta de
aumento de peso.
2. Miedo intenso a ganar peso o convertirse en obeso incluso
estando por debajo del peso normal. Curiosamente el miedo aumenta
según van perdiendo peso.
3. Alteración de la percepción del peso o la silueta, forma y
tamaño de su cuerpo o algunas partes de su cuerpo, la persona
anoréxica “se ve” a si misma obesa a pesar de su extrema delgadez.
4. Ausencia de tres ciclos mensuales consecutivos en las mujeres
pospuberales. En niñas prepuberales puede retrasarse la primera
menstruación.
La pérdida de peso se consigue disminuyendo la ingesta de alimentos,
empiezan no tomando los ricos en calorías y terminan con una dieta
muy restringida limitada a muy pocos alimentos. El trastorno se
puede completar con vómitos provocados, abuso de laxantes y
ejercicio físico excesivo. La persona afectada se muestra inquieta,
desasosegada, incapaz de tener momentos de descanso, se embarca en
tareas domésticas interminables y suele resultar afectado el sueño
nocturno.
Se pesan todos los días, observan la pérdida de peso pero nunca es
suficiente. El nivel de autoestima de estas personas va ligado al
peso: les satisface la autodisciplina mostrada si adelgazan, en
cambio consideran un fracaso imperdonable ganar unos kilos. Este
error del pensamiento les hace creer que no comiendo controlan su
cuerpo cuando realmente lo que hacen es ocultar una absoluta falta
de control sobre su propia vida.
Los estudios sobre la incidencia de la AN en la población indican
que el mapa de la anorexia coincide con el de los países
desarrollados en los que abunda la comida y estar delgado se
relaciona con el atractivo físico; afecta sobre todo al sexo
femenino (más de un 90%), según algunos estudios al 0,5-1% de las
chicas adolescentes y jóvenes adultas. Lo más preocupante es que en
los últimos veinte años se observa un incremento muy importante en
la incidencia del trastorno. Actualmente es la tercera enfermedad
crónica más frecuente en la adolescencia después de la obesidad y el
asma. No suele iniciarse antes de la pubertad ni después de los 40
años, la mayoría de los casos aparecen entre los 14 y 18 años. En
España los datos ofrecidos por asociaciones de afectados no
coinciden con los oficiales del Ministerio de Sanidad. Los primeros
elevan la cifra a medio millón de afectados mientras Sanidad la
rebaja a 250.000.
Parece existir un punto de no retorno a partir del cual aunque
quieran comer ya no pueden, se hace crónica en un 25 % de los casos.
A pesar de la falta de estadísticas fiables se estima que el 20% de
las anoréxicas puede morir por esta causa o por problemas
directamente derivados de ella, el índice de suicidios es 200 veces
superior al de la población general.
Estudios realizados en la República de Fiyi (Oceanía) han demostrado
que la llegada de la televisión al archipiélago en 1995 (la energía
eléctrica llegó en 1985) provocó la aparición de comportamientos
anoréxicos en una población que valoraba socialmente un cuerpo
robusto y musculoso tanto en hombres como en mujeres. Los modelos de
belleza aportados por series tales como Melrose Place han llevado a
numerosas adolescentes a tomar medidas para intentar controlar su
peso.
La investigación indica que tiene un origen multicausal, han de
coincidir una serie de factores, personales y ambientales para que
se desencadene el trastorno: presión y exigencias del binomio moda
- publicidad, culto a la delgadez, miedo a perder atractivo si se
engorda, asociar el triunfo en la vida con tener una figura de top
model, comentarios sobre el aspecto físico de una persona con escasa
autoestima, malos hábitos alimenticios adquiridos, facilidad de
acceso a medicamentos, vivir alguna situación vital estresante.
Una explicación avalada por diferentes estudios habla de un
continuo: en un extremo estarían las personas que se preocupan
normalmente de su figura y de su alimentación, incluso hacen alguna
dieta sin sufrir ningún trastorno, en el otro las personas que
presentan claramente AN.
Las teorías que hablaban de la presión familiar (sobre todo de la
madre) como origen de la AN y de las causas genéticas no han podido
demostrarse, no son creíbles. Aunque sabemos que una persona con un
familiar cercano que sufre o ha sufrido AN tiene un riesgo de
desarrollar el trastorno 30 veces mayor, no está demostrada la
existencia de un gen responsable y sí que en esa familia se han
desarrollado comportamientos alimentarios no saludables que pueden
ser imitados y aprendidos.
En general la gente llega a la AN porque quiere ser delgada. Se ha
comprobado que cuanto más insiste la moda en presentar una mujer
delgada más frecuente se hacen los casos de AN, más interés tienen
las adolescentes por ponerse a dieta aunque no todas desarrollen el
trastorno.
Las anoréxicas suelen ser personas con más tendencia a las
alteraciones del estado de ánimo, con dificultades para relacionarse
con los demás, a veces obsesivas y excesivamente perfeccionistas.
Son numerosas las alteraciones fisiológicas que acompañan a la AN,
algunas pueden llegar a ser graves y necesitar hospitalización
urgente, mencionaremos algunas:
Ginecológicas: El cuarto criterio diagnóstico no siempre aparece en
las anoréxicas, pero son igualmente preocupantes las ausencias
irregulares de menstruación. Esta función empieza a resultar
comprometida por debajo de 48 kg. La alteración influye también en
el centro termorregulador del organismo, la anoréxica tiene frío y
sofocos como en la menopausia. También se ve afectada la hormona del
crecimiento impidiendo que lleguen a tener el desarrollo que
normalmente hubieran alcanzado. La disminución de estrógenos provoca
la aparición de arrugas en la piel y puede quedar afectada la
fertilidad incluso superando la AN.
Cardiológicas: El corazón disminuye de tamaño o deja de crecer, las
paredes ventriculares adelgazan, la válvula mitral no encaja
correctamente y se produce el prolapso, el desequilibrio
electrolítico provoca trastornos del ritmo cardiaco. Aparece
hipotensión, suelen tener las extremidades frías y azuladas.
No es recomendable obsesionarse con la posibilidad de tener una
anoréxica en casa, mucha gente joven intenta controlar su peso sin
llegar a sufrir AN. Sí debemos estar atentos ante determinadas
actitudes tales como:
Se prepara las comidas de manera muy especial (sin sal, sin
condimentos o sin aceite).
Suele cocinar para los demás, pero no prueba ni come lo que preparó.
Realiza regímenes alimentarios extraños y muy estrictos.
Continuamente se autoimpone dietas muy severas pero al llegar al
peso previamente elegido sigue bajando.
Es excesivamente crítica con su propio cuerpo.
Empieza a relacionarse poco con los demás, se aísla, se deprime.
Evita comer en compañía. Aumentan los conflictos durante las
comidas.
Tira comida a la basura y/o se encierra en el baño después de comer.
Ha eliminado alimentos de su dieta, transformándola en una
alimentación monótona.
Si come lo que considera "mucho" lo compensa con actividad física o
algún método de purga.
Dispone de medicamentos laxantes no prescritos por el médico.
Da largas caminatas o hace ejercicio físico excesivo sin motivo
conocido.
Pasa muchas horas, incluso días, sin comer.
Los horarios habituales de comidas de la familia los ocupa con
actividades para evitar sentarse a la mesa.
Conoce "a la perfección" el valor calórico y nutricional de los
alimentos.
Tiene pérdida de peso significativa aunque dice comer suficiente.
Su vida gira alrededor de la comida.
Si muchas de estas características aparecen en alguna persona de
nuestro entorno puede ser el momento de consultar con un profesional
especialista en trastornos alimentarios, no esperen que sea la
propia afectada la que tome la iniciativa.
La prevención primaria (la que afecta a la población en general)
sería la medicina más eficaz para evitar el trastorno, pero muchos
consideran un sueño lejano lo que supondría un cambio muy
significativo en nuestros gustos, anhelos y modelos de perfección
física. ¿Somos capaces de dejar en último lugar el aspecto físico
cuando valoramos a una persona?, ¿podemos romper la unión entre
autoestima y apariencia física y desarrollar un sentido crítico
contra la presión a la esbeltez propuesta por la moda?, ¿podemos
educar en este sentido desde colegios y familias? Seamos conscientes
de que algunas anoréxicas inician su problema sólo por oír en el
colegio, en casa o en la calle un comentario de algún compañero o
adulto sobre su aspecto físico.
Un dato: el 40 % de las mujeres adolescentes considera que tiene
sobrepeso, sólo el 4 % lo tiene realmente.
La prevención secundaria (destinada a los grupos de riesgo) aparenta
ser la medida más realista y eficaz si somos capaces de vencer el
poder de las modas desaprensivas que intentan imponer la tiranía de
la delgadez.
La prevención terciaria (rehabilitación de afectados) llega a veces
demasiado tarde y supone una triste frustración porque incluso
consiguiendo recuperar peso y salud no siempre se consigue
restablecer una relación normalizada con la alimentación tras un
largo y, a veces, penoso viaje terapéutico.
¿Qué puedo hacer?
Construye la autoestima de tus hijos. Anímalos a descubrir sus
posibilidades, pero no te pases la vida diciéndoles que podrían ser
mejores.
Acepta
a tus hijos sin tener en cuenta para nada su peso. Hazles saber que
el cuerpo de cada persona es único y valioso. No estaría mal que
aceptases tu propio aspecto primero, para ser convincente.
Enseña
a tus hijos a comunicarse con firmeza y aliéntales a defender sus
ideas y opiniones. Tus hijos necesitan ser capaces de resistir las
enormes presiones sobre el aspecto físico y el control del peso que
provienen de la gente de su edad, los grandes medios de comunicación
y de muchos adultos.
Anímales
a la actividad y a disfrutar de la vida. No les hagas sentir
culpables por pasárselo bien.
No castigues o premies a tus hijos con comida, ni siquiera cuando
son pequeños.
Enséñales en casa a comer una dieta variada y equilibrada. No
recurras a la comida rápida con frecuencia.
Evita concentrarte en su aspecto. Comentarios como "¡ya estás
demasiado delgada!" o "¡qué dices, con lo bien que estás!" no hacen
otra cosa que aumentar sus obsesiones con el aspecto corporal.
Es fundamental iniciar el tratamiento lo antes posible, de ello
depende el buen pronóstico.
El tratamiento farmacológico es ineficaz ya que la AN no es una
patología médica sino una alteración no adaptativa de la conducta.
La intervención farmacológica sólo está indicada si existen
alteraciones fisiológicas derivadas de la AN. Es un grave error
prescribir a la anoréxica antidepresivos, suelen tomar fluoxetina
(el famosísimo Prozac) cuando sabemos que estos psicofármacos
eliminan la sensación de hambre, justo lo contrario de lo que
pretendemos. El único medicamento válido para la AN es el alimento.
Corresponde, por tanto, a los psicólogos el tratamiento de la
conducta disfuncional siendo imprescindible la colaboración de otros
especialistas para tratar los síntomas derivados de la enfermedad
(nutricionistas, ginecólogos, cardiólogos,...). El apoyo de la
familia en este tratamiento es fundamental.
El tratamiento conductual combinado con una dieta adecuada que ayude
no sólo a recuperar peso sino también a mejorar la relación con la
comida parece ser el más eficaz. Es importante marcar desde el
principio un rango de peso asequible y no un único peso aceptable.
Es necesario el control médico para evitar arritmias, desequilibrios
electrolíticos y otras alteraciones que pueden resultar muy
peligrosas, de ahí la importancia del tratamiento multidisciplinar.
Existen unos límites por debajo de los cuales el ingreso
hospitalario se hace imprescindible so riesgo vital.
Los tratamientos conductuales incluyen educación alimenticia donde
se aprende, por ejemplo, que los laxantes hacen efecto después de
haber sido digeridos el 90 % de los nutrientes, sólo ayudan a
eliminar líquidos, deshidratan pero no adelgazan. A la vez aprenden
a aceptar su figura, su cuerpo, su relación con el mundo y con los
que le rodean tratando de desarrollar habilidades que permitan
resolver los problemas de una manera eficaz, no causándose daños que
a veces pueden resultar irreversibles. La comida y el ejercicio
físico recuperan su auténtico sentido: necesidad y placer.
Bibliografía
Lic. Jesús Rodríguez de Guzmán Romero H.
|